Entrada a cebadero: desafío inmunitario

La entrada de los corderos al cebadero es una de las fases de mayor riesgo sanitario, ya que confluyen factores estresantes como el transporte, la adaptación a un nuevo entorno y la mezcla de animales de distintos orígenes. Estas situaciones provocan un aumento de los niveles de cortisol, afectando al equilibrio fisiológico y comprometiendo la capacidad de respuesta del sistema inmunitario.
 
A nivel inmune, el estrés favorece un desplazamiento desde una respuesta Th1, asociada a la inmunidad celular y a la producción de IL-12 e IFN-γ, hacia una respuesta Th2, caracterizada por una mayor producción de IL-4 e IL-10. Como consecuencia, disminuye la actividad de macrófagos y linfocitos encargados de controlar infecciones bacterianas y víricas.
 
Esta inmunosupresión transitoria reduce la capacidad defensiva de las mucosas respiratorias y digestivas precisamente en el momento en que los animales están más expuestos a nuevos patógenos y desafíos ambientales.
 
Como resultado, aumenta el riesgo de aparición de patologías como el Complejo Respiratorio Ovino (CRO) y determinados trastornos digestivos. Por ello, un adecuado manejo sanitario, nutricional e hídrico a la recepción de los animales resulta fundamental para minimizar el estrés, favorecer una rápida recuperación y optimizar los resultados productivos del cebadero.