La rehidratación es uno de los procesos más importantes durante la llegada del cordero al cebadero, ya que influye directamente en su adaptación, bienestar y rendimiento posterior. No debe considerarse una medida de soporte secundaria, sino una intervención estratégica que combina una correcta gestión del agua con soluciones adaptadas a cada situación fisiológica.
Para que la rehidratación sea efectiva, es imprescindible garantizar una infraestructura hídrica adecuada. La calidad del agua, el mantenimiento de depósitos y conducciones, la limpieza diaria de los bebederos y una correcta accesibilidad son factores clave para asegurar que todos los animales puedan beber suficiente agua desde el primer momento.
Durante la transición pueden aparecer dos tipos de deshidratación con causas y consecuencias muy diferentes. La primera está asociada al estrés del transporte, el ayuno y el manejo, que provocan pérdidas de potasio, deshidratación celular y un balance energético negativo. La segunda se produce en procesos entéricos y diarreas, donde existe una importante pérdida de agua, sodio y bicarbonato que desemboca en una deshidratación extracelular y una acidosis metabólica.
Por este motivo, cada situación requiere una estrategia específica. Las soluciones orientadas al estrés de transporte buscan restaurar el equilibrio intracelular y aportar energía de rápida disponibilidad, mientras que las formuladas para cuadros diarreicos están diseñadas para favorecer la absorción de agua y electrolitos y corregir la acidosis asociada a los trastornos digestivos.